Consejos de Condé Nast Traveler para descubrir Bolivia

La revista Condé Nast Traveler a ha publicado una extensa nota con tips para recorrer Bolivia recomendando lugares que visitar, gastronomía y dónde dormir. Stannum Boutique & Spa fué elegido como el hotel donde hospedarse durante su estancia en La Paz.

¡Mucho Gusto!

Condé Nast Traveler comparte tips para recorrer Bolivia

Paisajes emocionantes y una gastronomía rica y diversa nos desvelan el alma de Bolivia, un país que lucha por preservar su singularidad con humildad y honradez.

Antes, incluso, de tocar tierra, las líneas andinas y su simetría desvelan la extrema belleza de Bolivia. Desde las alturas, el color de la tierra recuerda a una deliciosa taza de chocolate. Las altísimas montañas arduamente castigadas por el viento durante miles de años parecen caer sobre valles espolvoreados de pueblos y casas. Es este paisaje el que inspira a la chef Kamilla Seidler. A veces, esta danesa se despierta en mitad de la noche porque le ha llegado una idea y la apunta para poderla desarollar de día en su laboratorio de La Paz. Todo impresiona, todo es una aventura que comienza antes de aterrizar. El aerpuerto, situado en el distrito El Alto, no está hecho para todos los aviones. Es que está situado a mayor altitud del planeta y cuenta con la pista más larga del mundo. pista mas larga del mundo.

Decena de foodies de todo el mundo y estilos llegan a Bolivia cautivados por su gastronomía y deseosos de conocer y probar sus productos en us lugar de origen. Y es que, entre los factores diferenciales de la cocina boliviana, se encuentra el hecho de que la fuerza del propio país se asienta en su gente, personas que aman su rica y diversa tierra y luchan por mantenerse independientes ante las presiones del mundo exterior. En las alturas de los Andes, los microclimas de los altiplanos, los paraísos de las junglas y los fascinantes paisajes del desierto, se hayan alimentos únicos y abundantes con los que crear una cocina moderna. Esta esencia es, precisamente, la que cautivó al cocinero Claus Meyer cuando llegó a Bolivia junto a su familiar para conocer el país. Soñó, entonces, con la creación de una fundación/escuela/restaurante que pudiera iniciar un movimiento gastronómico que diera a conocer al mundo la versatilidad de la cocina boliviana y poder educar a través de los alimentos. Melting Pot no es sólo ya una realidad, si no que es lo que está atrayendo a todos esos foodies llegados de todas partes del planeta. El proyecto cuenta con el restaurante Gustu, que signi!ca “saber” en Quechua y está situado en la zona sur de La Paz. En él, también trabajan la chef Kamilla Seidler y el chef y empresario Micheangelo Cestari. Además, Meyer también ha puesto en marcha una escuela de cocina, donde los estudiantes reciben un sueldo por su trabajo; la fundación Manqa, que funciona a la vez como escuela en los barrios marginales, y una iniciativa de comida callejera, Suma Phayata, que significa bien cocinado en Aymara y que divierte a los viajeros además de formar a los pequeños comerciantes.

Uno de los fundamentos y aspectos más importantes de Melting Pot es que sólo se puede trabajar con productos bolivianos y todo el dinero que se gana se vuelve a invertir en Bolivia. Se trata de un modelo económico que tiene fascinada, incluso, a la Universidad de Harvard. Además, este proyecto está promoviendo entre las jóvenes generaciones una cultura gastronómica que les invita a mirar con otros ojos a su propio país y a valorar su historia y potencialidad, sin dejar de ser para los turistas una oportunidad de saborear Bolivia.

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Cáctus Achacana

Viajamos por el Altiplano Norte, una meseta de Las Cordilleras de los Andes Oriental de más de 3.800 metros de altitud. Nos envuelve un ecosistema con un microclima perfecto para criar llamas y truchas en las aguas minerales de los glaciares. Estamos a unos 60 kilómetros del lago Titicaca. El paisaje es increíble: naturaleza en estado puro. Visitamos una granja y nos acompañan Kamilla y un representante de Novonorte, uno de sus proveedores. La chef explica a los granjeros que las huevas de trucha no se deben desechar porque de ellos se puede hacer negocio y es una de las partes más ricas del pescado.

Este mismo año, en Madrid Fusion, Kamilla y Micheangelo presentaron un plato espectacular hecho a base de yogur casero, cáctus (Achacana) tostado, llama salteada y jarabe de plátano. Es una de las creaciones más auténticas de Gustu. La llama proviene de la granja que hemos visitado y el cáctus es una planta endémica al lugar. La historia de este plato es un ejemplo de la genialidad de Melting Pot. En una ocasión Kamilla invitó a sus alumnos a recuperar un producto típico boliviano en desuso en la cocina. Una de las estudiantes, Noemí Cosme, de 22 años, llamó a su padre, residente en la provincia de Ingavi, quien le contó que de joven comía Achacana porque la tierra, en ese momento, no daba ni para patatas. Noemí decidió entonces rescatar este cáctus para sus clases de cocina. Sin tiempo para viajar hasta Ingavi, recorrió las afueras de La Paz hasta encontrarlo. Actualmente, su padre manda cada semana una caja de Achacana al Gustu. El cáctus, gustoso y muy rico, es ahora la estrella en la cocina.

Café

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Al día siguiente, nos desplazamos a Los Coroicos, en la selva de Los Yungas, para visitar las plantaciones del café boliviano. Nos acompaña Eli, una joven y listísima norteamericana original de Pennslyvania que trabajó durante dos años en Gustu. Ahora, dirije un proyecto de café entre otros. Los Yungas, situado a los pies del Amazonas, es la ecoregión más diversa de Bolivia. Hasta esta zona selvática se llega saliendo de La Paz por el norte, siguiendo la denominada carretera de la muerte, un camino mundialmente famoso por su peligrosidad, donde uno puede toparse con excursionistas en bicicleta, autobuses, y vehículos de todos tipo, etc. Nosotros optamos por tomar una alternativa, un camino más normal, la conocida como carretera nueva.

Durante el viaje cruzamos un paisaje absolutamente impresionante, donde las montañas se dibujan hasta el infinito. Parece que podamos, incluso, tocar las nubes. En apenas 2 horas, llegamos a Los Coroicos, un pueblo apacible, con influencias alemanas y albergues que invitan a quedarse a pasar la noche. El aire es tan puro que el olor a oxígeno contagia los bostezos. Lo primero que hacemos es entrar en uno de los albergues para tomarnos un auténtico café, que nos despierta automáticamente. Eli nos cuenta que nos lo han servido de la manera perfecta: calentando el agua a cierta temperatura y virtiéndola muy lentamente sobre granos de café tostados en casa. Sin azúcar y sin leche, en su puro estado, es cierto que esto es otra cosa y el mejor café jamás probado! Recuperadas las fuerzas, Eli nos conduce hasta una pequeña finca de café. Alejandra y su mascota, un oso amazónico, nos dan la bienvenida. La mujer nos enseña cómo crecen las plantas, y nos explica cuándo están las judías maduras y por qué es un negocio sostenible para su familia. Mientras tanto su oso juega con ella y trepa hasta su cabeza. Es imposible concentrarse en lo que dice la mujer con la belleza natural que nos rodea y lo movido y curioso que es este animal. Eli suele comprarle café para luego tostarlo en La Paz y servirlo, al estilo tradicional, en el restautante Gustu. Ilusionada, la joven norteamericana se une a Alejandra para preparar café siguiendo todo el ritual. Balanza, termómetro, filtro de tela, etc, toda la parafernalia utilizada sirve y mucho: el resultado es delicioso.

Observando el valle que tenemos a nuestros pies, me viene a la memoria el Che Guevara. El revolucionario escogió estos parajes para esconderse y disfrutar de la salvaje naturaleza. Pese a ello, la fuerza de esta selva no puedo con sus enemigos.

Comida en la calle

Condé Nast Traveler comparte tips para recorrer BoliviaTan cerca está Las Yungas de La Paz que esa noche nos da tiempo de recorrer las calles con Michelangelo para conocer el proyecto, Suma Phayata, de comida callejera. Empezamos a darnos cuenta que la extensa y desconocida gastronomía boliviana se sirve, justamente, en la calle. La ruta nos da la oportunidad de visitar varios barrios del centro de la ciudad, conversar con la gente local y saborear el paisaje. Comenzamos degustando un sandwich de lechón buenísimo en el puesto La Florida, situado en la Avenida Saavedra. Me divierte descubrir que detrás del puesto que hay justo al lado despacha una mujer igual a la que nos acaba de servir. Es su gemela. Michelangelo cree que un puesto es mejor que el otro, pero probamos uno de sus platos favoritos en uno y en otro y se percata que está igual de rico en ambos. Nos acercamos después a al puesto de Doña Julia, en la plaza Alonso de Mendoza, a degustar tripitas salteadas en un wok. El humo de su cocina se puede ver desde el otro lado de la plaza. Proseguimos la ruta hasta las barbacoas de Los Anticuchos, en Las Velas. Aunque hemos comido mucho, no queremos perdernos unos deliciosos cortes de carne. En las calles de La Paz, también abundan las pastelerias, donde sirven zumos de maíz, conocidos como “chicha morada” o, simplemente, “chicha”. ¡Este olor a dulce despierta la gula de cualquiera! Pero la gastronomía de Bolivia no acaba aquí: salteñas, los tukumanas, ranga, sopa picante de patata y tripa, etc. Una curiosidad: ¡Bolivia tiene 4.600 tipos de patatas diferentes!

Paseando por los diferentes mercados de La Paz, a uno se le llena la vista de colores formas y tamaños. Hay patatas fucsias, blancas, negras y moradas, entre otros muchos colores. Existen patatas con las que, incluso, se puede hacer un zumo muy saludable y muy recomendable para los hombres, ya que va bien para mantener la próstata sana.

Además de los mercados del centro, dos días la semana, martes y domingo, se instala en El Alto, uno enorme. Se puede encontrar de todo en él. Kamilla asegura que ha llegado a ver un pingüino metido en una nevera. Una de las opciones para llegar hasta este mercado es subirse al teléferico, que se inauguró hace menos de un año y que diseño una empresa española. El viaje arranca desde el centro de la ciudad, donde comienza a “escalar” para circular por encima de los diferentes barrios, hasta terminar justo en la entrada del mercado.

El Alto es una extensión inmensa que culmina La Paz. Desde las alturas, vigila la ciudad a la vez que mueve su economía siguiendo sus propias normas y reglas. Su arquitectura es única y ha sido impulsada por el arquitecto Freddy Mamani Silvestre, quien la denomina “arquitectura andina” aunque popularmente se la conoce como “cholets”. Sus orígenes más probables son Tiwanaku, unas ruinas andinas que están a 30 kilómetros de La Paz; el lago Titicaca, y la isla del Sol, donde también hay ruinas similares.

Salar de Uyuni

El restaurante Gustu se provee de sal y quinoa, dos alimentos clave, del Salar de Uyuni. El paisaje de este lugar es único e impresionante. A pesar del paso del tiempo, se mantiene puro y salvaje a ojos del viajero o aventurero. El terreno que pisamos es tan blanco que refleja todos los colores. Cuando miras hacia el horizonte dudas si lo que ves son espejismos es real. En época de lluvias, el suelo se cubre con un manto de agua que refleja el cielo; parece como si estuvieras viajando por el cielo. Aunque la zona está muy preparada para el turista, el salar es tan inmenso que uno puede llegar a sentirse solo. Y, aunque parezca mentira, cuanto más te adentra en él más descubres, más cerca te sientes con el manto azul.

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Kamilla Seidler, la danesa de los Andes

Condé Nast Traveler comparte tips para recorrer BoliviaKamilla Seidler, la chef en Gustu, el restaurante de Claus Meyer en La Paz, no dudó ni un segundo de trasladarse a la ciudad cuando Claus la llamó. Estuvo presente desde los inicios de la construción del establecimiento, en la apertura de la escuela y de la fundacion del proyecto Melting Pot. Hasta su llegada a Bolivia, trabajó en un restaurante en Copenhagen, en la misma cuidad dónde Claus vivía y construyó y ha su carrera gastronómica. El chef conocía de Kamilla que era una mujer muy trabajadora, con mucho talento y un gran futuro por delante.

Cuando le pregunté por qué quiso irse a Bolivia, me contestó que consideró la oportunidad de aprender, impulsar su talento y conocerse mejor a sí misma. La idea de enseñar también la hizo ilusión. “Cuando Claus Meyer te invita de formar parte de una nueva idea y la oportunidad de participar en algo tan especial es imposible decir que no”, me explicó, sabiendo que su decisión la embarcó en la aventura de tu vida.

“Mi trabajo es diferente cada día. Creó nuevos platos, investigó en la cocina con mi equipo o cocino para una grupo de gente que ha venido con mucha expectación. También visito a los productores, para hacer nuevos contactos, comprender mejor sus realidades y ver cómo podemos mejorar las logísticas”, me contó Kamilla. “Tengo un interés especial en cómo podemos ayudar y mejorar las vidas de las personas que están trabajando en este sector, nos beneficia a todos y va directamente a nuestras mesas”, añadió. “Últimamente, me invitan a diferentes lugares del mundo a participar en charlas y en conferencias para colaborar en creación de una comunidad sostenible en torno a la cocina”, detalló la chef.

“Bolivia es un país muy especial, donde aprendo todo los días” aseguró y, siguió, “está lleno de colores y tradiciones. Hay muchos aspectors sorprendentes, pero quizás el que más me fascina es que siendo el el corazón de Sudamérica tiene una increible biodiversidad con mucho potencial. ¡No tengo tiempo para pensar en el futuro; casi no puedo mantener ni el ahora!”.

Planifica tu viaje

  1. Dónde dormir
    Hotel Stannum está situado en un moderno rascacielos en la zona de las embajadas y zona más moderna de La Paz, Sopocachi. Tiene un cine y shopping mall en la planta baja el edificio. Las vistas desde las habitaciones son increíbles (stannumhotels.com). Hotel Rosario, situado en el centro casco histórico, está cerca de todos los mercados y el teleférico para subir a El Alto. Tiene mucho encanto y cuenta con una agencia de viajes en la recepción donde puedes organizar cualquiera tipo de excursión o viaje. No te pierdas las vistas desde el bar de la azotea y si tienes hambre, su restaurante es una muy buena opción (gruporosario.com). La Casona Hotel es un hotel boutique que acoge un edificio de estilo colonial ubicado al lado de la plaza de San FranciscoLa calle Sagarnaga a su lado, la mejor para ir de compras, está a pocos metros de este establecimiento (lacasonahotelboutique.com).
  2. Cholitas Wrestling
    ¡No puedes perderte este espéctaculo! Todos los domingos, en El Alto, se organizan combates de lucha libre entre mujeres indígenas (llamadas cholitas) que se han popularizado en los últimos años . Puedes comprar la entrada allí mismo o reservar con antelación en la página web: cholitaswrestling.com.
  3. Gastronomía
    Restaurante Gustu por supuesto! Zona Sur. Salteñas en La Plaza Murillo y tukumanas en las Gradas del Prado. Martiana Pizza. Cuando necesites una pausa gastronómica, puedes acudir a la Pizza, buena y barata comida de mercado.
  4. Uyuni
    Volar de La Paz a Uyuni en Amaszonas (amaszonas.com). si quieres que te organicen excursiones contacta con Onlyonetravelbolivia.com. El mejor hotel en la zona es el Palacio de Sal (palaciodesal.com). En él podrás recuperar fuerzas entorno al fuego mientras conversas con otros viajeros.
  5. Lago Titicaca / Los Altiplanos o Ruinas Tiwanaku
    Se puede pasar el día o decidir quedarse a dormir. Rosario Hotel es un hermoso establecimiento en el Lago, donde puedes contratar excursiones.
  6. Camino de la muerte
    El camino a Las Yungas, también conocido como la carretera de la muerte, es un ruta de aproximadamente 80 km de extensión, que une la ciudad de La Paz y la región de LosYungas, al noreste. Célebre por su peligro extremo y el número de muertes en accidentes de tránsito al año, el Banco Interamericano de Desarrollo la bautizó, en 1995, como la carretera más peligrosa del mundo. Puedes organizar una excursión desde la recepción de cualquiera hotel o en una de las agencias de viaje que hay en el centro de La Paz.

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Fuente: Condé Nast Traveler